Mi parto prematuro a las 35 semanas: la historia del nacimiento de Matías
Actualizado: 31 jul

Nunca imaginé que un embarazo que parecía tan tranquilo terminaría con un parto prematuro a las 35 semanas. Ver a mi bebé rodeado de cables, no poder tenerlo en mi pecho desde el primer momento y regresar a casa sin él fue una de las experiencias más difíciles de mi vida.
Quiero compartir nuestra historia porque quizás pueda ayudar a otra mamá a reconocer algunas señales importantes durante el embarazo.
Después de una pérdida, cada embarazo se vive diferente
Definitivamente cada embarazo es diferente. Antes de Mariana tuve un aborto espontáneo y, desde ese momento, viví todos mis embarazos con muchos nervios. Con ella, a las 31 semanas tuvieron que aplicarme las inyecciones para madurar los pulmones del bebé porque ya tenía 1 cm de dilatación y ella estaba en posición. Afortunadamente todo salió bien y logré llegar hasta la semana 37 sin mayores complicaciones.
Cuando quedé embarazada de Matías pensé que todo sería igual de tranquilo… pero la historia fue muy diferente.
Las primeras señales que no imaginé que eran importantes
Antes de la semana 31 empecé a notar que mi ropa interior se mojaba más de lo normal. Eran pequeñas gotitas y, al principio, pensé que simplemente era incontinencia por la presión del embarazo sobre la vejiga. Sin embargo, algo me llamaba la atención: nunca sentía el momento en que salía el líquido y tampoco tenía olor a orina. Era un olor diferente, y aunque no sabía exactamente qué era, sentía que no era algo normal.
La verdad, en ese momento no le di mucha importancia. Hasta que un día hablé con una amiga que tenía prácticamente el mismo tiempo de embarazo que yo. Me contó que su médico le había dicho que tenía bajo el líquido amniótico y eso hizo que comenzara a preocuparme.
En mi siguiente control decidí comentarle todo a la doctora. Después de hacerme varias preguntas, especialmente sobre el olor del líquido, me dijo que, por precaución, debía enviarme al hospital para descartar una pérdida de líquido amniótico.
La visita al hospital
Cuando llegué al hospital me llevé una gran sorpresa. Tenía contracciones... ¡y yo ni siquiera las sentía! Me dejaron en monitoreo y finalmente decidieron hospitalizarme esa noche para iniciar el proceso de maduración de los pulmones de Matías.
Yo me sentía perfectamente bien y no entendía por qué estaba allí. Incluso para ir al baño necesitaba ayuda porque estaba conectada a varios monitores. Después me realizaron un ultrasonido. El médico me explicó que el cuello uterino permanecía cerrado y que, como tanto el bebé como yo estábamos estables, podía regresar a casa porque no veía un riesgo inminente de parto.
Las semanas siguientes
Al regresar a casa empecé a sentir contracciones con mayor frecuencia. Como sabía que existían las contracciones de Braxton Hicks, pensé que probablemente se trataba de eso y traté de mantener la calma. Simplemente me cuidaba más, evitaba hacer esfuerzos y procuraba descansar. Aunque seguía eliminando pequeñas cantidades de líquido, asumí que era algo normal.
El día que todo cambió
El domingo en que cumplía 35 semanas iba a salir de casa y tuve que cambiarme la ropa interior porque estaba mucho más mojada de lo habitual. Me pareció extraño, pero como tenía control médico el martes, pensé que podía esperar para comentárselo a la doctora.
Ese día incluso caminé bastante, algo que había evitado durante las semanas anteriores.
Cuando llegué a casa estaba agotada. Me acosté a descansar, pero notaba que Matías se movía muchísimo. Finalmente logré quedarme dormida.
Durante la madrugada sentí un dolor muy fuerte, como si se me desprendiera un hueso de la pelvis. Pensé que quizás Matías simplemente se había acomodado para el nacimiento. Después sentí que estaba completamente mojada y que el líquido había traspasado la pijama, la verdad... no sé si soy muy tranquila o simplemente no imaginaba lo que estaba pasando, pero decidí volver a dormirme pensando que el martes se lo comentaría a mi doctora.
El nacimiento de Matías
Cuando me levanté alrededor de las 7:00 de la mañana noté un pequeño sangrado. Ahí sí me preocupé por completo. Comencé a expulsar flujo con pequeños hilos de sangre, lo que después supe que era el tapón mucoso. Inmediatamente me fui al hospital.
Llegué aproximadamente a las 2:00 de la tarde del lunes. Después de evaluarme decidieron inducir el parto. Finalmente, Matías nació el martes a las 5:45 de la mañana. el mismo día que tenía mi cita de control Para mí fue un parto muy doloroso, pero gracias a Dios todo salió bien.
Una semana en Cuidado Neonatal
Por haber nacido a las 35 semanas, Matías tuvo que permanecer una semana en Cuidado Neonatal. Verlo lleno de cables, no poder tenerlo en mi pecho desde el primer momento y regresar a casa sin él fue una experiencia muy difícil para nuestra familia.
Pero, gracias a Dios, mi príncipe fue un verdadero guerrero y salió adelante. ❤️
Importante: Esta fue mi experiencia personal y cada embarazo es diferente. Si durante el embarazo presentas pérdida de líquido, sangrado, disminución de los movimientos del bebé o contracciones antes de tiempo, consulta inmediatamente con tu médico o acude al servicio de urgencias.
En el próximo artículo te contaré cómo fue mi parto, cómo vivimos esa primera semana en Cuidado Neonatal y todo lo que aprendimos durante esos días.





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