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Mi embarazo después de una pérdida: una historia de esperanza

18 abr 2021
4 min de lectura

Actualizado: 3 ago


Siempre soñé con ser mamá y, cuando vi esas dos rayitas en la prueba de embarazo, sentí una mezcla de emociones. Estaba feliz, emocionada y nerviosa al mismo tiempo. Siempre había sido muy puntual con mi periodo y, al tener un retraso, decidí hacerme una prueba de embarazo.


El resultado mostró dos rayitas, pero eran muy leves. No estaba completamente segura de que fuera un positivo, así que les pregunté a unas amigas y ellas me dijeron que, aunque fueran tenues, significaba que sí estaba embarazada.


Aun así, no me sentía convencida. Compré otra prueba, esta vez una más costosa, pero el resultado fue exactamente el mismo: dos rayitas muy claras. Decidí contarle a mi esposo sin hacer mucha celebración todavía, porque quería confirmarlo con un examen de sangre. Fuimos al laboratorio y el resultado confirmó el embarazo, pero había algo que preocupaba al médico. La hormona gonadotropina coriónica humana (hCG), que aparece durante el embarazo y se detecta en la sangre y la orina, estaba muy baja. Nos explicó que eso podía significar dos cosas: que el embarazo era muy reciente o que algo no estaba evolucionando como debía. Nos recomendó acudir al médico lo antes posible para hacer seguimiento.


Yo no quería contarle a nadie hasta estar completamente segura de que todo iba bien, pero mi esposo, lleno de ilusión, decidió compartir la noticia con su familia. Al día siguiente empecé a sentir cólicos muy parecidos a los del periodo y poco después comencé a manchar de color café. Busqué información y encontré que algunas mujeres presentaban un pequeño sangrado al inicio del embarazo, así que intenté tranquilizarme. Hoy sé que cualquier sangrado o dolor durante el embarazo debe ser consultado con el médico, aunque no siempre signifique que exista una complicación.


Mientras tanto, la familia de mi esposo, emocionada, incluso alcanzó a llevarnos algunos detalles para celebrar la llegada del bebé. Yo quería disfrutar ese momento, pero algo dentro de mí me decía que las cosas no iban bien.


La pérdida


Cuando regresé al médico me repitieron el examen de sangre y esta vez los niveles de la hormona habían disminuido aún más. En ese momento el diagnóstico fue claro: estaba teniendo un aborto espontáneo.


Ese mismo día el sangrado aumentó y los cólicos se hicieron mucho más fuertes. No puedo negar que fue una experiencia muy difícil. Lloré mucho y sentía que había perdido una ilusión enorme. También me preguntaba si algún día realmente podría ser mamá y cómo iba a seguir adelante con Baby Love, una tienda llena de productos para bebés, después de vivir una experiencia como esa.


A pesar del dolor, guardé todos los regalos que nos habían dado. No quería deshacerme de ellos porque, en el fondo de mi corazón, seguía creyendo que algún día tendría un bebé.


Con el tiempo descubrí que las pérdidas gestacionales tempranas son mucho más frecuentes de lo que imaginamos. Incluso muchas mujeres nunca llegan a enterarse de que estuvieron embarazadas. A veces pienso que, si hubiera esperado unos días más antes de hacerme la prueba, probablemente habría pensado que solo había tenido un periodo un poco más fuerte de lo normal. Pero esa fue mi historia y, aunque fue dolorosa, también me enseñó mucho.


Un nuevo embarazo, pero también nuevos miedos


Tres meses después volví a quedar embarazada. Esta vez de Mariana. La felicidad volvió, pero también apareció un miedo que nunca antes había sentido. Vivía preocupada de que algo pudiera volver a salir mal. Contaba los días para cada control médico y no veía la hora de tenerla en mis brazos. Siento que, por ese miedo, no logré disfrutar mi embarazo como realmente hubiera querido. Incluso compré un doppler fetal para escuchar los latidos de su corazón y tranquilizarme cuando la ansiedad aparecía.


Mariana casi no se movía durante el embarazo. Más adelante los médicos descubrieron que permanecía muy encajada y, a las 31 semanas, ya tenía un centímetro de dilatación. Tuvieron que aplicarme un tratamiento para ayudar a madurar sus pulmones y guardar reposo, pero afortunadamente todo salió bien.


Mariana nació sana y hermosa a las 37 semanas. Ese día entendí que, aunque el miedo nunca desapareció por completo, la esperanza siempre fue más grande.


Perder un embarazo fue una de las experiencias más difíciles de mi vida, pero también me enseñó que después de una pérdida puede volver la ilusión. Cada historia es diferente y cada mujer vive su duelo de una manera única. Si hoy estás pasando por una situación similar, quiero que sepas que no estás sola.


En mi caso, la vida me regaló después a Mariana y, más adelante, también a Matías. Hoy miro hacia atrás con el corazón lleno de gratitud por el camino recorrido.


En el próximo artículo te contaré cómo fue el nacimiento de Mariana y mi experiencia con la epidural durante el parto. Espero que mi historia pueda acompañarte y recordarte que, incluso después de los momentos más difíciles, siempre puede haber espacio para la esperanza.




 
 
 

1 comentario


andreabaru26
andreabaru26
18 abr 2021

Admiración por todas las mujeres, por las que decidieron no tener hijo y también para los que tengamos ese gran título. 🙏🏻

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