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Ahora que soy mamá, valoro aún más el amor de mi madre

Actualizado: 3 ago


Desde que era niña soñaba con ser mamá. Recuerdo que siempre andaba con una muñeca, su pañalera, una cobija y todo lo que necesitaba para cuidarla. La dormía, la bañaba y hasta le daba tetero. Mi mamá me compraba esos biberones en los que la leche desaparecía cuando el bebé "tomaba", y todavía me pregunto cómo funcionaban.


Siempre tuve muy claro que quería ser mamá algún día. Mi mamá dedicó su vida a cuidar de sus hijos, mientras mi papá trabajaba y crecía profesionalmente.


Con el paso de los años seguía soñando con formar una familia, pero apareció otra meta muy importante para mí: convertirme en profesional. Mi papá era un gran ejemplo y quería seguir sus pasos.


Cuando somos niños muchas veces pensamos que una mamá que permanece en casa "no hace nada". Yo también llegué a escuchar esa frase: "¿Qué hace tu mamá?"... "Nada, está en la casa."


Hoy sé que esa respuesta estaba muy lejos de la realidad. Con esfuerzo logré graduarme y ejercer mi profesión. Uno de mis sueños se había cumplido, pero el deseo de ser mamá seguía intacto.


Tiempo después nació mi primera y única sobrina. La amé profundamente y muchas veces pensé: "Si puedo amar tanto a una niña que no es mi hija, ¿cómo será el amor por mis propios hijos?". Con los años formé mi familia y finalmente llegó el momento con el que había soñado desde niña.


Me convertí en mamá. Descubrí un amor imposible de explicar con palabras. Mi esposo y yo tomamos la decisión de que yo me dedicaría completamente a nuestra hija durante sus primeros años. En ese momento pensé que sería más sencillo de lo que realmente fue. Imaginaba que podría descansar cuando ella durmiera y que tendría tiempo para hacer muchas cosas.


La realidad fue muy diferente.Después de casi un año siendo mamá entendí cómo cambia completamente tu vida. Cada día gira alrededor de esa pequeña personita: su alimentación, sus pañales, sus siestas, sus cuidados y todo lo que necesita. Y cuando por fin se duerme... no descansas.


Corres a bañarte, preparar la comida, lavar la ropa, organizar la casa, adelantar todo lo que quedó pendiente y, si tienes más hijos, dedicarles tiempo también. Al final del día sientes que has corrido una maratón.


Hoy entiendo el enorme trabajo que hace una mamá que permanece en casa. Es un trabajo que no tiene horarios, no hay días libres y muchas veces ni siquiera se reconoce.


Ahora que vivo esta experiencia, valoro muchísimo más todo lo que hizo mi mamá por nosotros. Cada momento en el que dejó sus propios sueños en pausa para dedicarse a sus hijos.


Hoy doy gracias a Dios por haberme permitido vivir la experiencia de ser mamá. Aunque hay días de mucho cansancio y momentos en los que la rutina puede agobiar, también he descubierto que no existe recompensa más grande que ver sonreír a mis hijos.


Creo que hoy me canso mucho más que cuando trabajaba sentada en una oficina todo el día, pero también siento que tengo el trabajo más hermoso del mundo.


Ser mamá implica sacrificios, tanto para quienes deciden quedarse en casa como para quienes deben salir a trabajar y, al regresar, seguir entregando todo su amor y su tiempo a sus hijos. Mi admiración es para todas ellas. Porque al final entendí que ser mamá es mucho más que un trabajo, es una entrega diaria, un amor que no conoce límites, una de las bendiciones más grandes de la vida.


Y hoy, más que nunca, solo puedo decir: Gracias, mamá.


Gracias por haberte dedicado por completo a nosotros, por todo lo que sacrificaste y por el ejemplo tan hermoso que me diste. Hoy entiendo que el mejor regalo que pudiste darnos fue tu tiempo, tu amor y tu presencia.


Te amo, mamá!


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